250 horas de Soledad.
Jamás se me habían pasado tan largos los días; contando un invisible e insonoro tic-tac del reloj que me proporcionaban las nubes.
En algún momento determinado, el cual recuerdo borroso, como los bordes cuando recuerdas tus sueños, que la ventana que había en frente me permitía ver la delgada línea que separaba el Paraíso del Cielo. Un Paraíso relativo ya que, lo único bueno que me dejaba ver eran las copas de los árboles más altos, las nubes más contemplativas y el sol tímido, o quizás asustado.
Me permitía verlo hasta que la oscuridad del anochecer se confundía con la tinta negra de mi pluma. Era entonces cuando subía la mirada, y veía que en aquella ventana tan sólo se hallaban unas cortinas de un blanco tan puro como las nubes que segundos atrás me había ofrecido.
Creo que fue ese día en el que perdí el sentido de mí mismo: el día en el que dejé de ser yo y comencé a ser un yo nuevo. En un pasado habría creído que lo que se encontraba ahí, era el secreto del anciano que siempre se encontraba con las gafas llenas de suciedad, y mente tan llena como boca tan vacía.
Pero aquel anciano aturdido en sus propios pensamientos, murió el día que descubrí aquel Cielo tras su ventana.
En algún momento determinado, el cual recuerdo borroso, como los bordes cuando recuerdas tus sueños, que la ventana que había en frente me permitía ver la delgada línea que separaba el Paraíso del Cielo. Un Paraíso relativo ya que, lo único bueno que me dejaba ver eran las copas de los árboles más altos, las nubes más contemplativas y el sol tímido, o quizás asustado.
Me permitía verlo hasta que la oscuridad del anochecer se confundía con la tinta negra de mi pluma. Era entonces cuando subía la mirada, y veía que en aquella ventana tan sólo se hallaban unas cortinas de un blanco tan puro como las nubes que segundos atrás me había ofrecido.
Creo que fue ese día en el que perdí el sentido de mí mismo: el día en el que dejé de ser yo y comencé a ser un yo nuevo. En un pasado habría creído que lo que se encontraba ahí, era el secreto del anciano que siempre se encontraba con las gafas llenas de suciedad, y mente tan llena como boca tan vacía.
Pero aquel anciano aturdido en sus propios pensamientos, murió el día que descubrí aquel Cielo tras su ventana.
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